¿Mito o realidad? ¿Por qué me sube la presión en el invierno?

Durante el invierno, la presión arterial puede experimentar fluctuaciones debido a las bajas temperaturas, lo cual plantea riesgos particulares para las personas con hipertensión. El Dr. Alejandro Amarilla, médico cardiólogo y deportólogo, explicó los detalles de este fenómeno y sus implicancias para la salud cardiovascular.
El 36% de la población adulta de nuestro país presenta niveles altos de presión arterial. El 38,8% de los hipertensos desconoce su condición; y entre quienes la conocen, sólo una minoría está bien controlada.
Es el principal factor de riesgo para sufrir y morir de modo prematuro como consecuencia de un evento cardiovascular (como infarto de miocardio, accidentes vasculares cerebrales, insuficiencia cardíaca, etc.). Por lo tanto, controlar este factor resulta clave a efectos de prevenir enfermedades del corazón.
Por otra parte, la HTA está directamente relacionada con otros factores de riesgo cardiovasculares como la diabetes, la obesidad, el tabaquismo y el consumo de alcohol. De hecho, las personas con diabetes conforman un grupo con mayor riesgo de presentar HTA: más del 80% de quienes padecen diabetes tipo 2 tienen hipertensión”, detalló el Dr. Pablo Rodríguez (MN 75816), miembro de la comisión directiva de Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA).
La hipertensión arterial es la rigidez y el aumento de la tensión de las arterias, explicó el Dr. Amarilla. Este aumento de tensión implica que el corazón debe esforzarse más para bombear sangre, lo cual puede ser un problema en invierno. «El frío provoca una vasoconstricción periférica para conservar el calor, lo que a su vez eleva la presión arterial».
El Dr. Amarilla señaló que la presión arterial normalmente varía a lo largo del día debido a diversos factores, como el despertar, el descanso y el esfuerzo físico. Sin embargo, el clima también juega un papel crucial. «En situaciones de calor, se produce vasodilatación, lo que reduce la presión arterial. En contraste, el frío genera vasoconstricción, aumentando así la presión».
Las cifras tensionales normales son 120/80, que son 10 o 15 milímetros de mercurio. De esa cifra, se puede tolerar hasta 135/85 y sigue siendo algo normal. Lo normal es que la presión arterial a lo largo del día se modifique por diferentes motivos. Estas son las señales que el cuerpo tiene: al despertar, al amanecer, la secreción de hormonas hace que la tensión se eleve un poco. Por otra parte, en el descanso la tensión arterial va a bajar y durante un esfuerzo físico va a aumentar.
«En la época invernal hay una mayor prevalencia de infartos y accidentes cerebrovasculares», advirtió el médico cardiólogo del Instituto de Cardiología de Corrientes. Las personas en regiones no acostumbradas al frío, con viviendas y vestimenta inadecuadas para el clima, corren un riesgo particular.
Por el frío, las personas también tienden a reducir la actividad física. «Durante el invierno, la gente suele volverse más sedentaria, lo cual contribuye a elevar la presión arterial», comentó el especialista. Recomienda realizar ejercicio en ambientes climatizados y mantenerse activo para contrarrestar este efecto.
Uno de cada cuatro hipertensos en Argentina está tratado y controlado, lo que significa que alrededor de 12 millones de personas desconocen su condición. «La hipertensión es silenciosa y se va desarrollando a lo largo de la vida, similar a enfermedades como la diabetes», comentó el Dr. Amarilla. Subrayó la importancia de diagnósticos tempranos y el monitoreo regular de la presión arterial para prevenir complicaciones.
El riesgo de hipertensión puede ser heredado, pero también influye el ambiente y el estilo de vida. «La genética juega un papel, pero el ambiente que nos rodea, como un estilo de vida sedentario y una dieta alta en sodio, también es importante», explicó el Dr. Amarilla. La prevalencia de la hipertensión aumenta con la edad, y la falta de actividad física y la mala alimentación son factores contribuyentes.
De este modo, el médico enfatizó en la importancia de las medidas no farmacológicas para controlar la presión arterial, como una alimentación saludable, la reducción del sodio, la pérdida de peso, evitar el tabaco y el consumo excesivo de café y alcohol. «Estas medidas pueden tener un impacto directo y sostenido en la presión arterial, equivalentes a los efectos de un medicamento».
Además, es fundamental mantener estas prácticas de manera constante. «Si se decide tratar la presión con medidas no farmacológicas, deben sostenerse en el tiempo para evitar rebotes en la presión arterial», insistió el Dr. Amarilla. La regularidad en el ejercicio y las dietas adecuadas contribuyen a mantener la presión arterial en niveles óptimos y a reducir la dependencia de medicamentos.
Fuente Radio Sudamericana

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