¿Dónde están los $4 billones que consiguió el Tesoro?

La licitación permitió al Gobierno obtener unos $4 billones netos, pero surgieron interrogantes sobre el destino de esos fondos y su impacto sobre la liquidez. La discusión pone el foco en la transparencia de las cuentas públicas.
Hay preguntas que uno hace y le contestan. “¿Qué hora es?”. “Las once”. “¿Cuánto sale?”. “Cincuenta lucas”. “¿Dónde están los cuatro billones de pesos?”. Y ahí aparece el silencio. Porque cuatro billones no son cuatro monedas que se te caen abajo del sillón. Son 4.000.000.000.000 de pesos. Cuatro millones de millones. Una cifra tan grande que, si la escribís completa en un papel, necesitás que el papel venga con escritura pública.
El Tesoro hizo una licitación, consiguió aproximadamente cuatro billones de pesos netos y después apareció la pregunta incómoda: ¿por qué esa plata no aparece inicialmente en la cuenta del Tesoro en el Banco Central? Y entonces preguntaron. Y Bausili respondió, más o menos: “Estoy seguro de que si buscamos bien, en algún lado están”. ¡Ah, bueno! ¡Menos mal! Porque por un momento pensé que los cuatro billones se habían ido a comprar cigarrillos.
“¿Dónde están los cuatro billones?”. “Y… en algún lado”. Es una respuesta fantástica. Sirve para la plata, para las llaves del auto, para el control remoto y para explicar dónde quedó la dignidad después de una elección.
Ahora, cuidado. Que los cuatro billones no aparezcan en la cuenta del Tesoro en el Banco Central no significa que alguien se los haya llevado. No hay que hacer una película de espionaje con esto. El dinero puede estar en otras cuentas, dentro del sistema financiero, utilizado para operaciones del Tesoro o destinado a distintos movimientos de caja. Técnicamente puede tener una explicación perfectamente razonable.
El problema es otro: la transparencia. Porque si el Gobierno dice que una de las grandes virtudes de su programa económico es haber terminado con la maquinita, haber ordenado las cuentas y haber puesto la emisión monetaria bajo control, entonces tiene que entender algo muy sencillo: cada peso necesita una explicación. Y cuando son cuatro billones, la explicación no puede ser: “En algún lado están”. Porque eso no es una explicación. Es una búsqueda del tesoro. Y encima sin mapa.
El Gobierno dice: “No emitimos”. Perfecto. Entonces expliquemos. ¿Dónde están? ¿En qué cuenta? ¿En qué banco? ¿Están inmovilizados? ¿Se utilizaron para pagar obligaciones? ¿Se colocaron en algún instrumento financiero? ¿Siguen dentro del sistema bancario? ¿Cuál fue exactamente el efecto sobre la liquidez?
Porque ahí está la cuestión. No es solamente saber dónde está la plata. Es saber qué hizo esa plata mientras estuvo fuera de la cuenta del Banco Central. Porque un peso quieto no es lo mismo que un peso circulando. Un peso que queda inmovilizado tiene un efecto. Un peso que vuelve al mercado tiene otro. Un peso que termina comprando activos tiene otro. Y un peso que termina presionando sobre el dólar tiene otro.
Por eso el mercado pregunta. No porque necesariamente haya un agujero. Pregunta porque quiere saber qué pasó.
Y acá aparece la paradoja. El Gobierno de Milei construyó buena parte de su discurso económico alrededor de una idea muy sencilla: no gastar más de lo que se tiene. Entonces ahora que el Tesoro consigue financiamiento en el mercado, administra deuda y acumula pesos, la caja del Estado se vuelve muchísimo más importante.
Antes uno preguntaba: “¿Cuánto emitió el Banco Central?”. Ahora también hay que preguntar: “¿Qué hizo el Tesoro con la plata que consiguió?”. Y eso cambia todo.
Porque la independencia del Banco Central no significa que nadie pueda preguntar nada. Al contrario. Cuanto más importante es la política monetaria, más importante es explicar los movimientos de dinero.
Entonces no estamos diciendo: “¡Se robaron cuatro billones!”. No. Tampoco: “¡Hay emisión clandestina!”. Tampoco. Lo que estamos diciendo es muchísimo más aburrido y, justamente por eso, mucho más importante: señores, expliquen dónde están los cuatro billones.
Porque cuando se trata de cuatro millones de millones de pesos, el ciudadano no debería necesitar una lupa, tres economistas y un detective privado para seguirles el rastro.
Y si la respuesta es sencilla… mejor todavía. Porque entonces no cuesta nada decirla. Dónde están. Qué se hizo con ellos. Y qué efecto tuvieron sobre la economía.
Porque al final del día, la transparencia no consiste solamente en decir: “Quédense tranquilos, la plata está”. La transparencia consiste en poder responder: “Está acá, hicimos esto con ella y éste fue el efecto”.
Porque cuatro billones pueden estar perfectamente donde tienen que estar. Pero si nadie puede explicar dónde… el problema ya no es solamente económico. Es político.
Y ahí aparece la pregunta que nadie quiere contestar: ¿Dónde están los cuatro billones?
Porque en Argentina, históricamente, hay una frase que genera bastante desconfianza: “Quedate tranquilo, que en algún lado está”.

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