Milei, Villarruel y el papa: la foto de la reconciliación

Hay invitaciones que son simplemente protocolares y otras que parecen escritas por un guionista con bastante sentido del humor. Porque ahora Javier Milei invita a Victoria Villarruel a compartir la recepción del Papa junto a los gobernadores.
La política argentina tiene esas cosas: quienes ayer parecían no poder compartir ni el mismo ascensor, mañana pueden terminar compartiendo una fotografía con bendición incluida.
Y hay un detalle que merece una reflexión: la invitación a Villarruel llega después de que el Senado reclamara formalmente que su presidenta estuviera incluida en la recepción. No parece haber sido un gesto espontáneo de reconciliación.
La recepción será el domingo 8 de noviembre, a las 18:30, en el Palacio Libertad, con los gobernadores de todas las fuerzas políticas.
Y ahí aparece la parte más interesante de esta historia: el Papa viene a la Argentina a hablar de unidad, diálogo y convivencia. Y parece que, por unas horas, la política decidió ensayar esos conceptos.
Milei y Villarruel, que protagonizan una convivencia política bastante más fría que un freezer industrial, tendrán que compartir escenario.
¡Qué maravilla! La diplomacia religiosa consiguió lo que no pudieron conseguir ni los operadores políticos, ni los teléfonos rojos, ni las reuniones de gabinete: sentarlos a todos en una misma habitación.
Y estarán los gobernadores, incluso aquellos que no comulgan con el Gobierno. Porque cuando llega el Papa, parece que hasta las diferencias ideológicas tienen que dejar los zapatos en la puerta.
Ahora bien, conviene no confundir una invitación con una reconciliación. Una fotografía compartida no recompone una relación política rota, del mismo modo que una misa no convierte automáticamente a nadie en santo.
La pregunta es si la unidad será solamente para la foto o si existe alguna voluntad de trasladarla a la vida cotidiana de los argentinos.
Porque sería interesante que el mensaje de concordia no durara solamente lo que dura una recepción oficial.
Que los que hoy se sientan juntos para recibir al Papa mañana puedan sentarse juntos para discutir la pobreza, el trabajo, la educación, las provincias y las necesidades de la gente.
Al fin y al cabo, la política no necesita milagros. Necesita responsabilidad, diálogo y menos peleas de conventillo.
Aunque, viendo el panorama, quizás León XIV tenga que hacer algo más que bendecirlos: va a necesitar bastante paciencia pastoral.
Porque en la Argentina hasta la reconciliación necesita una invitación oficial.

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