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sábado 18 de mayo de 2024

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Tiene 101 años y es el último sindicalista vivo que conoció a Eva Perón

Jorge Roberto González tiene un largo camino recorrido en el gremialismo argentino. A 71 años de la muerte de Evita, recuerda sus vivencias con ella y cómo fue que llegaron a entrar en contacto. “Eva era la interlocutora, ponía a los sindicalistas a hablar con Perón”, asegura

Jorge Roberto González nació en el pueblo de Banderaló, partido de General Villegas, el 29 de mayo de 1922. De joven, se decidió por estudiar Veterinaria en la Universidad de Buenos Aires y en 1940 ingresó en la empresa Talleres Metalúrgicos San Martín de Avellaneda como empleado administrativo. Con el nacimiento de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) en 1943, González se afilió al sindicato y pronto se convirtió en delegado. Al ver las medidas sociales tomadas por Perón en favor de la clase obrera, adhirió fervorosamente a la causa peronista y, hasta el día de hoy, continúa idolatrando la figura del expresidente. Como muestra de ello, participó como un trabajador más de la histórica jornada del 17 de octubre de 1945, en la que los obreros pidieron por la libertad del entonces coronel Perón en Plaza de Mayo.

Cuando Perón asumió la presidencia en 1946, González comenzó a vincularse con Hilario Salvo, secretario general de la UOM durante el primer gobierno peronista. Salvo fue quien lo llevó al secretariado nacional metalúrgico en representación de la UOM de Avellaneda. Ese mismo año, el 23 de agosto de 1946, Jorge formó parte del grupo de dirigentes que negoció y firmó el primer Convenio Colectivo de Trabajo de la historia de la UOM. Por este motivo, años después recibió la distinción en el Congreso de Delegados Metalúrgicos, que se realizó en Mar del Plata en 1996. Allí compartió el encuentro y el reconocimiento con el histórico dirigente Lorenzo Miguel.

Una reunión en la que participó con Juan Domingo Perón y Eva. González es el primero de la foto, a la izquierdaUna reunión en la que participó con Juan Domingo Perón y Eva. González es el primero de la foto, a la izquierda

Su acercamiento a Eva Perón

Fue gracias a su actividad gremial que González conoció a Eva, de la que destaca su carácter ambivalente: fuerte con los poderosos, pero sensible y humilde con los trabajadores. Durante el primer gobierno peronista, los sindicatos eran invitados los miércoles para reunirse con el General Perón en la Casa de Gobierno, momento en que escuchaba las problemáticas que los dirigentes planteaban sobre los trabajadores. En una de esas reuniones conoció a Evita, que siempre consideró que los sindicalistas eran leales a Perón. “Algunas veces nos invitaba a almorzar en el Hogar de la Empleada”, cuenta González y agrega: “cuando entraba al bar, todos los presentes se levantaban y la aplaudían”.

Como luchador de los derechos de los trabajadores, Gonzalito, como lo llamaba cariñosamente Eva, participó en la organización de un paro por mejoras salariales, junto con sus compañeros de la UOM. Sin embargo, terminaron desistiendo por un pedido especial de Perón. Por esos días, González se cruzó con Eva y el embajador de España, a quien le comentó lo que estaba sucediendo. “Sé que tienen razón, así que si lo hubieran hecho, yo los habría apoyado”, comentó Evita.

Otra imagen con Eva Perón: González, el segundo a la izquierdaOtra imagen con Eva Perón: González, el segundo a la izquierda

Eva también la responsable de que a Jorge le asignaran una casa en el barrio Perón, ubicado en Saavedra, para él y su mujer. “En una oportunidad, mi esposa, embarazada, y yo nos encontramos con Eva. Ella le tocó la panza y dijo que iba a ser varón. Y efectivamente fue así, mi hijo mayor, Eduardo”.

Evita prestaba especial atención a la opinión de los gremialistas, rememora González. En una ocasión, tres sindicalistas de la UOM, entre los que se encontraba Jorge, le dijeron a Eva que tenían versiones de que uno de los secretarios vendía las audiencias con ella, por dinero. Eva los escuchó, pero le pareció raro porque se trataba de una persona de suma confianza. Al mes siguiente, en otra reunión que ella encabezaba, los llamó y les dijo: “yo no me olvido de estas cosas”. Luego, mandó a llamar al secretario señalado y le dijo, delante de ellos, que le habían llegado rumores sobre la venta de sus audiencias. La persona lo negó, pero Eva lo había mandado a investigar y le habían confirmado las sospechas. Finalmente, lo echó, en medio de una catarata de insultos.

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Una foto autografiada por Eva Perón que González guarda de recuerdoUna foto autografiada por Eva Perón que González guarda de recuerdo

Los últimos días de Evita

En medio de su interminable agenda social y política en 1951, Eva Perón fue diagnosticada con una enfermedad terminal que deterioró su salud y su apariencia física en pocos meses. González llegó a verla 10 días antes de su muerte, cuando ya se encontraba muy flaca y demacrada. Después de tanto sufrimiento, el 26 de julio de 1952, Eva Perón falleció. Jorge todavía recuerda cuando la radio del Estado realizó el anuncio oficial sobre el fallecimiento de Evita. Con voz acongojada, el locutor de radio nacional pronunció: “Cumple la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la república que a las 20:25 horas ha fallecido la señora Eva Perón, jefa espiritual de la Nación”, se comunicó oficialmente.

González formó parte del cortejo en el Congreso y le dio el pésame a Perón en la CGT. Agradecido a su enorme figura, envió una corona diaria mientras duraron las exequias en nombre de la UOM. “Eva era la interlocutora, ponía a los sindicalistas a hablar con Perón. Confiaba mucho en los sindicalistas, buscaba la lealtad”, rememora.

González, con su hijo EduardoGonzález, con su hijo Eduardo

Su actividad después de Eva

Jorge continuó con su actividad gremial en el sindicato metalúrgico hasta el derrocamiento de Perón en 1955. Alejado de la UOM, en 1973 fundó la Unión Docentes Argentinos (UDA), gremio del que llegó a ser su secretario adjunto. En 1975, como dirigente del naciente gremio docente, concurrió con su hijo Daniel a una reunión gremial junto a Isabel Perón en Olivos. Luego del encuentro, Isabel los invitó a ver la cripta donde descansaban los restos mortales de Perón y Evita. Sin embargo, lo que no esperaban era ver el cajón de Eva abierto. “Fue un shock, quedé perplejo”, recuerda.

Producido el golpe militar de 1976, González se retiró de la vida sindical, en medio de un clima de amenazas y persecuciones por parte de la dictadura. Hoy, a los 101 años, Jorge sigue viviendo en la misma casa que le regaló Evita y, tras varias décadas, perduran en su memoria los recuerdos de su figura y de su vínculo con ella, los que lo ubican como un testigo privilegiado de la historia argentina.