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viernes 12 de abril de 2024

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Santi Maratea se aprieta los dedos con la puerta

Seguro, sonriente, tranquilo, con saltos de carácter que lleva a respuestas secas y a no callar nada contra quienes lo cuestionan por la razón que fuera. Vive bien y considera a los que objetan el modo de recaudar, “fracasados y resentidos”

Uno quiere y admira a Santiago Maratea, influencer de 30 años con 3 millones de seguidores en Instagram, promotor de sumas a menudo importantes como gesto generoso y solidario. Organiza y consigue objetivos nobles y a la vez es el trabajo que hace y no se había hecho antes: el 5 por ciento de lo recaudado, como remuneración: abogados, formalizaciones, tiempo, trámites, lo justifican. No lo oculta.

Santi –es el modo de nombrarlo en general- se ve, al mirarlo accionar y hablar, que tiene alguna chispita de diversidad psicológica -aunque nadie puede asegurar cuál debe ser la norma para medirla-, seguro, sonriente, tranquilo, con saltos de carácter que lleva a respuestas secas y a no callar nada contra quienes lo cuestionan por la razón que fuera. Vive bien y considera a los que objetan el modo de recaudar, ”fracasados y resentidos”.

Ahora, en el propósito de conseguir 20.000.000 de dólares para solucionar la situación y deudas de Independiente, queda de inmediato claro que se trata de un objetivo algo fuera de registro y en terreno minado.

Hay ejemplos sonados, como el caso de la niñita Madelaine, con necesidad perentoria y necesitad de un medicamento de precio superior al millón de dólares, conseguido por el link del caso, el CBU para depositarlo –puede ser con nombre creado para cada campaña-, designado en bastantes informaciones como “alias”, en fin, dejemos la sal gruesa de los escribidores, con participación de la obra social, en 2022. En 2021 llamó a salvar a Emmita, otra beba que también exigía medicación de precio extremo para aplicar en una enfermedad neuro muscular que le impedía moverse y comer, y vivía por medio de una traqueotomía. El lema: “Todos por Emmita”. Se lograron algo más de 2 millones de dólares. Fue en el 22, y Emmita evoluciona bien: debe ser administrado antes de los dos años inexorablemente.

Pongamos aquí la ayuda para los incendios en Corrientes, el tratamiento para el cáncer de un veterano de Malvinas, el envío de atletas y entrenadores en un vuelo chárter dirigido al torneo sudamericano de Guayaquil que el RENARD no podía asumir: Santi se embarcó con ellos.

Mucho y variado, quien en apariencia parece frágil y marcado con ojeras bajo los ojos celestes. Claroscuro.

Maratea, como todos, tiene una historia. Difícil. Nacido en cuna social de prestigio en San Isidro, al remover -está contado ya por Rafa, el padre, y por el mismo Santi, hijo menor de cuatro- se encontró con dificultades mayores. Rafa llegó a trabajar como limpiador de residuos y otros oficios de subsistencia, sobre todo después de ser desalojados de la casa que alquilaban. No está claro qué ocurrió en tanto, parece amargo y raro, pero ocurrió, qué pasó. El padre superó dos cánceres con remisión, y los padres del padre murieron también por enfermedad. Cuando Rafa dejó el servicio militar –narra- “estaba volado”. Vivía el padre, el abuelo de Santi, había unido a una nueva mujer, ya viudo, se negó a recibirlo: “Fuera”.

Rafa Maratea durmió donde pudo. A veces en el vestuario del SIC, el club, con una venia discreta del sereno, y es probable que allí conociera a Mariana Chevalier Boutell. Lo cierto es que se unieron con fuerza. Claro que, de pronto cae la sombra, nadie advirtió la depresión profunda de Mariana -rara vez salía de la cama- que la condujo al suicidio. El hecho, desde luego, fue y es marca permanente en Santi: adoraba a su madre. “Si volviera a vivir le diría que estaba bien, que tenía su manera de ser, que hicieran de las voces y personas que frecuentaba, que deseaba. Así, tal cual”. Queda sin decir a qué se refiere -habló cierta vez por televisión, pero sin esa precisión- y lo lleva consigo.

Los dedos en la puerta

A uno se le da que fue a instancias de otras personas y quizás sin bondad decidir en la deuda de Independiente. Ese formidable club y campeón de campeones alcanzó un período con la presidencia de Pedro Iso tres veces con una claridad y altura ejemplares. Antes, Julio Grondona lo había precedido con buena mano.

Iso dio aviso de una probable desorganización, corruptelas y falta de líderes.

Así fue. La gran institución fue ocupada por transferencias dudosas, representantes en riña, contratos sospechosos y, necesariamente, la deuda enorme. Los Moyano, luego Fabián Doman, muy votado, duró seis meses y renunció por Twitter en una huida presurosa al ver cómo ocurren en el fútbol negro, donde los negocios representan millones de dólares en un ambiente de antropófagos.

Y allí va Santi en busca de un trofeo imaginario. Se apretó los dedos con la puerta.

Llega a unos 600 millones, miren ustedes, con 150.000 hinchas y 250 peñas de Independiente en varios lugares del mundo que, espera, habrá de llegar con moneda fuerte. Alguien –denuncia- aprovechó el “alias” con uno parecido para desviar fondos. Se llama estafa premeditada y profesional.

En un poema o antipoema, con deliciosa ironía, el gran Nicanor Parra pone en un verso: ”Yo soy el que le dije al Che Guevara/que no”.

Y vos, Santi, mirá lo que te requieren: IGJ y la AFIP, fíjate bien. En un caso, por haber establecido la colecta en Neuquén, lo demás, la explicación: de dónde salen los aportantes con sumas superiores a 170.OOO pesos. No jodas, Santi, ya sabés cómo son las cosas.

Buscá la vuelta para salir y hacerlo con tu generosidad, lo que se haya conseguido. Ni Guevara a Bolivia ni vos al fútbol.

Rajá.