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viernes 14 de junio de 2024

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Los días contados de Alberto Fernández y el torbellino político que se avecina

La inflación y la división interna abonan un escenario turbulento en el que se definirá el destino de la nación

En el mundo del poder político, las luchas internas y las rivalidades encarnizadas pueden llegar a ser tan feroces como los golpes de un combate cuerpo a cuerpo. En la mente del lector, evocamos una película que trascendió las pantallas para convertirse en un referente cultural: ‘El Club de la Pelea’. En esta historia ficticia, protagonizada por Brad Pitt y Edward Norton, presenciamos una intensa lucha de identidades y una búsqueda desesperada de sentido en un mundo caótico. Con ese mismo escenario, en el mundo real, nos encontramos hoy en día. Las pasiones políticas se desatan, las agendas se entrelazan y las ambiciones chocan en una danza agónica por el poder.

En medio de esta turbulencia, resonó el atribulado soliloquio de CFK del pasado jueves. Sus palabras fueron un eco repetitivo de argumentos ya conocidos, que no aportaron nada nuevo a la discusión. La imagen de una líder septuagenaria que se aferra a su discurso desgastado se proyecta como un recordatorio de sus propios errores que la dejaron inmersa en una lucha feroz por mantener su influencia y legado. Al igual que el protagonista de la icónica película, Cristina lanza un golpe final desesperado al cambiar el nombre del “Frente de Todos” por el llamativo “Unidos por la Patria”, en un intento dramático de mantenerse en pie en la arena política ante la inminente batalla electoral que se avecina.

Si nada extraño sucede en el ínterin -el diablo siempre puede aparecer- tan solo 175 días se interponen antes de que Alberto y Dylan retomen sus paseos por Puerto Madero, mientras la realidad política argentina se sumerge cada vez más en una lúgubre y patética arena de combate. El futuro ex presidente de la nación, Alberto Fernández, encara su destino envuelto en un aura de desencanto y decepción, llevando a cuestas el peso de un fracaso anunciado. Sin lugar a dudas, su mandato quedará grabado en los anales como una época de desdicha y desatinos, pero sería un sacrilegio omitir mencionar a la figura influyente y controvertida de Cristina Fernández de Kirchner, cuyo protagonismo teje una trama de intrigas y disputas digna de las más fervientes telenovelas políticas.

Alberto y Cristina, enemigos y cómplices al mismo tiempo, se hallan atrapados en una relación turbulenta que desata un juego de poder despiadado. La Vicepresidenta no puede permitirse el lujo de que el Presidente, a quien ella misma entronizó, abandone su puesto prematuramente. Por eso aprieta pero no ahorca. Un adelanto de su partida desencadenaría un cimbronazo político de dimensiones épicas, una sacudida nacional capaz de desestabilizar los cimientos más profundos. Esta intriga política se convierte en una obra maestra de manipulaciones y tensiones, donde la fusión explosiva de amor y odio entre estos dos protagonistas lleva la trama a niveles inimaginables.

Cristina Kirchner en Río GallegosCristina Kirchner en Río Gallegos

Mientras nos acercamos rápidamente al plazo para oficializar las precandidaturas y adentrarnos en una lucha electoral sin tregua, el horizonte se vislumbra lleno de incertidumbre y enfrentamientos callejeros dignos de “El Club de la Pelea”. El calendario electoral nos arrastra hacia el 24 de julio, fecha marcada en rojo donde las precandidaturas serán reveladas y los contendientes se prepararán para las PASO, que se celebrarán el domingo 13 de agosto. Pero debemos tener en cuenta que estas etapas son solo el comienzo de un viaje lleno de complejidades que nos sumerge en un mundo político desquiciado, donde las coaliciones deberán superar sus heridas y alinearse detrás de aquellos que hayan obtenido la victoria en las internas. Pero la supervivencia política no entiende de ideales, y la mayoría de los políticos han demostrado ser maestros en lidiar con Dios y con el Diablo al mismo tiempo. En su gran mayoría tienen la conciencia cauterizada.

En este complejo panorama electoral, el mayor desafío al que se enfrenta Cristina Fernández es la inflación, un enemigo mucho más peligroso que cualquier otro, ya que afecta directamente el bolsillo de su apasionada base electoral. El reciente índice de mayo, con un preocupante 7,8%, no favorece en absoluto las aspiraciones de CFK, ni tampoco en la selección de nuevos candidatos. Quizás esto explique su aparente disposición a ceder el control en busca de un consenso que evite que sea percibida como la responsable de una futura y muy probable derrota. Si las PASO dejaran a Unión por la Patria fuera de la contienda presidencial, se desataría un cisma político que cuestionaría la capacidad del debilitado Alberto Fernández para cumplir con el tiempo que le fue otorgado bajo la sombra de Cristina en aquel lejano 18 de mayo de 2019. El escenario político se vería sumido en una profunda incertidumbre.

En medio de este escenario convulso, Unión por la Patria encuentra su única posibilidad de supervivencia en el patético circo en el que se ha convertido la oposición. Si tan solo hubieran logrado unirse detrás de un candidato común en lugar de exhibir públicamente sus suciedades y ansias desmedidas de poder, las perspectivas serían completamente distintas. Pero, lamentablemente, la oportunidad se desvaneció y la coalición opositora desaprovechó la posibilidad de capitalizar políticamente el colapso de un gobierno que será recordado como uno de los peores, sino el peor, en la historia democrática argentina.

En medio de las absurdas y ridículas publicidades que inundan las redes sociales, es hora de enfocar la atención en lo que realmente importa: los planes de gobierno y el futuro de la nación. En este turbulento escenario político argentino, nos encontramos en una encrucijada llena de drama y consecuencias trascendentales. Los días restantes en el mandato de Alberto Fernández se desvanecen como arena entre los dedos, mientras los destinos de la nación penden de un hilo cada vez más frágil.

El telón aún no se cierra en este drama político. El acto final aún está por escribirse. La historia está en nuestras manos, y solo el tiempo dirá si los protagonistas aprenderán de los errores del pasado o si el caos seguirá reinando en la política argentina.