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miércoles 21 de febrero de 2024

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Álex Rins también gana con Honda

El español, con una moto satélite y recién llegado a la fábrica japonesa, se impone en Austin tras un error de bulto de Bagnaia, que se fue al suelo cuando iba primero

El año pasado, Pecco Bagnaia celebraba su Mundial en Valencia tras sufrir más de lo esperado ante Fabio Quartararo y su Yamaha en horas bajas. A pesar de contar con la moto que todos envidian en la parrilla, él mismo reconocía que sus errores no forzados habían puesto en peligro un título que debería haberse llevado de calle. En este arranque de campeonato, las dudas del campeón siguen asomando, a pesar de que se había propuesto ser un piloto más sólido. Una caída en la octava vuelta del italiano, cuando dominaba con casi dos segundos de margen sobre Àlex Rins, entregó el triunfo en el GP de las Américas a una Honda en horas bajas. Aupada por el magnífico pilotaje del barcelonés, el otro sheriff del rancho ante la ausencia de Marc Márquez, la marca japonesa celebró su primer triunfo en MotoGP en dos años y medio.

El único ganador previo que había sobre la pista este fin de semana en Texas firmó su sexta victoria en la categoría reina, la primera con el fabricante del ala dorada. Es tan solo su tercera carrera con el equipo satélite de la fábrica, y en Austin tuvo que subrayar su valor para la marca. “En Honda me siento desaprovechado”, decía el jueves, antes de desatar su demoledor ritmo en un trazado muy exigente y donde el piloto todavía puede marcar la diferencia. La última Honda en ganar una carrera que no fuera la de Márquez fue la satélite de Cal Crutchlow en Argentina 2018, y de eso hace ya más de cinco años. El triunfo rompió una sequía que duraba 28 carreras.

En su séptima campaña en MotoGP, después de ser una de las apuestas de futuro de Suzuki, donde creció en los seis cursos anteriores hasta la desbandada del fabricante y su aterrizaje en Honda, donde encontró cobijo como pudo, Rins demostró que el circuito de las Américas le va de perlas. Había ganado aquí en 2019, cortando la racha de seis victorias consecutivas de Márquez en la categoría reina, y anteriormente había triunfado en Moto2 y Moto3, donde logró en su momento dos subcampeonatos. El barcelonés, de 27 años, desbordaba alegría y emoción en el parque cerrado. Fue una victoria necesaria para el LCR de Lucio Cecchinello y una inesperada inyección de confianza para una marca y una moto que hace mucho tiempo que no funcionan a la altura de las monturas europeas, las nuevas dominadoras del certamen.

Había también un componente personal para Rins, que consideró la de ayer la primera victoria que puede “comprender” su hijo Lucas, de dos años. “Ahora está empezando a entender que papá-moto”, comentó exultante. “Estoy muy orgulloso por el equipo, se lo merecen”, añadía. Hubo más de una rapada de cabello en el garaje del satélite, ya que a Àlex le van las apuestas atrevidas y se jugó la melena todo el fin de semana. La segunda posición en parrilla y también en la carrera al esprint del sábado ya sorprendió a más de uno, pero lo del domingo fue otra cosa.

En el podio, Quartararo pudo celebrar una tercera posición que alivia sus urgencias en la tabla a pesar de la mala forma de Yamaha, y Luca Marini, hermano de Valentino Rossi, pudo celebrar su primer podio en la categoría reina con una segunda plaza.

Rins fue la única Honda que rodó en cabeza este fin de semana y la única que terminó la carrera. Joan Mir terminó por los suelos a sabiendas de que la montura, complicada, esconde un rayo de esperanza. “Siempre he dicho que esta moto tiene potencial. En algún circuito lo demuestra un piloto, como Marc Márquez en Portugal o Àlex Rins aquí”, comentó el mallorquín, buen amigo del ganador y excompañero suyo en las filas de Suzuki. En una prueba de eliminación, solo 13 pilotos de los 22 que tomaron la salida pudieron cruzar la línea de meta.

Bagnaia, con su desliz inexplicable, se dejó el liderato que acechaba tras dominar con puño de hierro el sábado, donde ganó el esprint tras firmar la pole position para ambas pruebas. El curso pasado, cuatro ceros ya pusieron en duda su fiabilidad con la mejor máquina, aunque el título espantó las dudas en invierno. En el GP de Argentina, el italiano ya cayó tras mantener un tenso rifirrafe con Àlex Márquez, otro que se fue al suelo con mala fortuna en la tercera curva, cuando Jorge Martín se lo llevó puesto. El italiano se preguntaba en Termas de Río Honda si este año era mejor piloto, pero en Austin dejó claro que le queda trabajo por delante.

“Estoy muy enfadado, nervioso, sé perfectamente que no he hecho nada loco y he caído. Me falta entender lo que pasa con esta moto, por mucho que sea increíble y sea la mejor de la parrilla”, decía el turinés a los micrófonos de DAZN. “He perdido 45 puntos en dos fines de semana, y no sé la razón”, añadía sincero pero frustrado.

En su séptima campaña en MotoGP, después de ser una de las apuestas de futuro de Suzuki, donde creció en los seis cursos anteriores hasta la desbandada del fabricante y su aterrizaje en Honda, donde encontró cobijo como pudo, Rins demostró que el circuito de las Américas le va de perlas. Había ganado aquí en 2019, cortando la racha de seis victorias consecutivas de Márquez en la categoría reina, y anteriormente había triunfado en Moto2 y Moto3, donde logró en su momento dos subcampeonatos. El barcelonés, de 27 años, desbordaba alegría y emoción en el parque cerrado. Fue una victoria necesaria para el LCR de Lucio Cecchinello y una inesperada inyección de confianza para una marca y una moto que hace mucho tiempo que no funcionan a la altura de las monturas europeas, las nuevas dominadoras del certamen.

Había también un componente personal para Rins, que consideró la de ayer la primera victoria que puede “comprender” su hijo Lucas, de dos años. “Ahora está empezando a entender que papá-moto”, comentó exultante. “Estoy muy orgulloso por el equipo, se lo merecen”, añadía. Hubo más de una rapada de cabello en el garaje del satélite, ya que a Àlex le van las apuestas atrevidas y se jugó la melena todo el fin de semana. La segunda posición en parrilla y también en la carrera al esprint del sábado ya sorprendió a más de uno, pero lo del domingo fue otra cosa.

Quartararo, tercero

En el podio, Quartararo pudo celebrar una tercera posición que alivia sus urgencias en la tabla a pesar de la mala forma de Yamaha, y Luca Marini, hermano de Valentino Rossi, pudo celebrar su primer podio en la categoría reina con una segunda plaza.

Rins fue la única Honda que rodó en cabeza este fin de semana y la única que terminó la carrera. Joan Mir terminó por los suelos a sabiendas de que la montura, complicada, esconde un rayo de esperanza. “Siempre he dicho que esta moto tiene potencial. En algún circuito lo demuestra un piloto, como Marc Márquez en Portugal o Àlex Rins aquí”, comentó el mallorquín, buen amigo del ganador y excompañero suyo en las filas de Suzuki. En una prueba de eliminación, solo 13 pilotos de los 22 que tomaron la salida pudieron cruzar la línea de meta.

Bagnaia, con su desliz inexplicable, se dejó el liderato que acechaba tras dominar con puño de hierro el sábado, donde ganó el esprint tras firmar la pole position para ambas pruebas. El curso pasado, cuatro ceros ya pusieron en duda su fiabilidad con la mejor máquina, aunque el título espantó las dudas en invierno. En el GP de Argentina, el italiano ya cayó tras mantener un tenso rifirrafe con Àlex Márquez, otro que se fue al suelo con mala fortuna en la tercera curva, cuando Jorge Martín se lo llevó puesto. El italiano se preguntaba en Termas de Río Honda si este año era mejor piloto, pero en Austin dejó claro que le queda trabajo por delante.

“Estoy muy enfadado, nervioso, sé perfectamente que no he hecho nada loco y he caído. Me falta entender lo que pasa con esta moto, por mucho que sea increíble y sea la mejor de la parrilla”, decía el turinés a los micrófonos de DAZN. “He perdido 45 puntos en dos fines de semana, y no sé la razón”, añadía sincero pero frustrado.